Simón Bross: “Mi opinión está muy sesgada, pero para mí ‘Roma’ es una obra maestra”

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Uno de los directores más prestigiosos y queridos del cine mexicano, amigo personal de Alfonso Cuarón desde hace muchos años, resultaba una de las voces más apropiadas para comentar el triunfo de su compatriota en los Golden Globes y reflexionar sobre su influencia en la industria cinematográfica local.

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El notable momento que viene viviendo el cine mexicano desde hace muchos años, quizás desde que el primer largometraje de Alejandro González Iñárritu, Amores perros (2000), atrajera la atención del mundo, viene refrendándose una y otra vez año a año, en los encargos de grandes producciones a sus artistas, en la taquilla y, sobre todo, en los premios.

El último caso ha ocurrido este domingo, cuando los Golden Globe Awards (los galardones que entrega la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood) consagraron a Alfonso Cuarón como mejor director y a su obra Roma como mejor película en lengua no inglesa.

A sabiendas de que nunca es fácil encontrar a un director ocupado con tiempo disponible para una charla telefónica, Adlatina intentó comunicarse con Simón Bross y lo consiguió. Nacido en 1960 y fundador en 1993 de la productora de cine García Bross, es por lejos el director más premiado de la publicidad mexicana y ha incursionado en muchas otras formas del cine, desde cortos y largometrajes hasta documentales, más allá de que, como él mismo explica, “en México no acostumbramos separar el cine publicitario del cine, para nosotros todo es lo mismo”.

Para no interrumpir su pensamiento y aprovechar que una llamada telefónica alcanza para que comience a hablar y no se detenga, sigue su testimonio, bajo el formato del monólogo de alguien que sabe como pocos de lo que habla.

“Si me preguntan si el éxito de Roma contribuye al crecimiento del cine mexicano, debo decir que la pregunta lleva la respuesta en sí misma, pues Roma ya es talento mexicano puro: el foquista, el iluminador, los camarógrafos, todos los técnicos que trabajaron en esa película son los que todos los días contribuyen con su oficio de años a engrandecer el cine de esta parte del mundo en todos sus formatos”.

“Es cierto que es una película mexicana realizada con una pequeña ayuda de afuera, algo de dinero de los Estados Unidos. Pero eso no la hace menos mexicana, y en ese sentido yo me siento siempre orgulloso del compromiso de Alfonso en regresar cada tanto a hacer películas vinculadas a su país de origen: Y tu mamá también (2001) y, ahora Roma, son dos películas absolutamente mexicanas, que Alfonso cuela entre sus otras producciones (N. del E: Harry Potter and the prisoner of Azkaban, 2004; Children of men, 2006; Gravity, 2013). No es el caso del Negro (González Iñárritu) o el Gordo (Guillermo del Toro), que no han regresado: Alfonso ya lo ha hecho dos veces”.

“Recuerdo como si fuera hoy un día de hace unos tres años, conversando alrededor de una mesa con Alfonso, y él contándome su idea sobre Roma, que a mí ya me parecía maravillosa. Por eso valoro más el éxito que está teniendo, porque sé cómo luchó desde un comienzo, por ejemplo para que le financiaran una película que iba a estar hablada parte en español y parte en mixteco, una lengua que sólo se habla en una zona de la sierra de Oaxaca. Y en ese punto Netflix se portó increíble con él, le dio piedra libre para que hiciera lo que quisiera”.

“En México se ha dicho mucho que para entender Roma uno tiene que haber crecido en el DF, pero me parece una visión muy equivocada y muy parcial. Es una película universal, que se entiende en todos lados, con un lenguaje que se acerca al de las telenovelas y un formato típicamente neorrealista. Y esto tiene una explicación muy concreta: Alfonso no sólo tiene hijos nacidos en Italia y ha vivido mucho en ese país, sino que además es un enamorado del neorrealismo. Mi opinión obviamente está muy sesgada, porque soy muy amigo de Alfonso y lo quiero mucho, pero para mí Roma es una obra maestra”.

“Si me preguntan si el cine publicitario está recibiendo algún beneficio de esta universalización de algunos directores mexicanos, diré que no, pero no porque necesite recibirlos y no esté haciéndolos, sino porque aquí no separamos tanto el cine publicitario del otro, es todo lo mismo, somos la misma gente. Yo siempre digo que mis trabajos no son ni publicitarios ni no publicitarios: son trabajos. Ya con poder trabajar en esto que amo soy un agradecido y es un honor, y no me fijo mucho en el formato. ¿Qué es Nothing beats a Londoner, la campaña de Nike? Es publicidad, sí, pero también es cine, y del mejor. Yo creo que en nuestro cine, en México, ya no hay nadie que haga sólo publicidad, y hasta la palabra misma, publicidad, ya me resulta un término viejito”.

 

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